Chapter 5 - Volver a la casa del enemigo

Tres días después tomé una decisión que Margaret calificó de “legalmente posible y emocionalmente absurda”.
Volvería a la mansión.
No para reconciliarme.
Para observar.
El tribunal había rechazado la custodia de emergencia y me concedió uso exclusivo de una de las alas de la propiedad mientras se resolvían las medidas temporales. Nathan podía permanecer en otra sección bajo una orden que prohibía contacto físico no consentido y exigía que un cuidador independiente estuviera presente cuando viera a Grace.
Nathan aceptó demasiado rápido.
Eso me preocupó.
Cuando regresé, las flores de la gala aún estaban en algunas mesas.
El mármol había sido pulido.
No quedaba sangre.
Pero yo recordaba exactamente dónde había caído.
Nathan me esperaba en el vestíbulo.
—Elena.
—Nathan.
Parecía no haber dormido.
—Quiero hablar.
—Nuestros abogados pueden hacerlo.
—No quiero hablar como abogado.
—Ese es el único idioma en el que confío ahora.
Su rostro se contrajo.
—Lo que pasó fue horrible.
—Me empujaste con nuestra hija en brazos.
—Estaba asustado.
—¿De qué?
No respondió.
—¿De que descubriera el fideicomiso?
La palabra lo golpeó.
Intentó esconderlo.
No pudo.
—No sé de qué hablas.
—Entonces somos dos personas confundidas viviendo en una casa llena de abogados.
Subí las escaleras.
Durante una semana hice exactamente lo que ellos esperaban.
Parecí cansada.
Asustada.
Indecisa.
Permití que Victoria pensara que su campaña funcionaba.
Ella me hablaba como si yo fuera una huésped.
—Grace necesita estabilidad.
—Estoy de acuerdo.
—Nathan puede ofrecerla.
—Ya veremos.
—Una madre no debe utilizar a un bebé para ganar una guerra empresarial.
—Entonces quizá deberíamos preguntarnos quién empezó la guerra antes de que la bebé pudiera sostener la cabeza.
Victoria dejó de sonreír.
Mientras tanto, Dominic instaló legalmente cámaras dentro de las áreas que me pertenecían y monitoreó accesos a mi despacho. Margaret obtuvo una orden para preservar servidores. Maya Chen, una joven especialista en litigios corporativos, se unió al equipo.
Fue Maya quien descubrió Northbridge Consulting.
Una empresa que recibía pagos mensuales de Cole Meridian.
—¿Qué hace? —pregunté.
—En teoría, asesoría de riesgo.
—¿En realidad?
—No tiene empleados reales.
El propietario final estaba oculto detrás de tres sociedades.
Pero una de ellas compartía dirección con la clínica de Simon Mercer.
Mi obstetra.
—Le pagan desde la empresa de mi marido.
—Desde hace nueve años.
—¿Por qué?
Maya me miró.
—Eso quiero saber.
La respuesta llegó de una forma inesperada.
Grace tenía una cita pediátrica.
La niñera independiente, Rosa Martinez, me acompañó. Al regresar, encontramos a Serena saliendo del despacho de Nathan con una carpeta roja.
Se detuvo al verme.
—No sabía que habías vuelto.
—Vivo aquí.
—Claro.
Miró a Grace.
—Es preciosa.
Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente.
Me coloqué entre ella y el cochecito.
Serena lo notó.
—No voy a tocarla.
—Excelente decisión.
Se marchó.
Rosa esperó hasta que desapareció.
—Señora Reed…
—¿Sí?
—Esa mujer estuvo en la planta de maternidad cuando nació Grace.
Me volví.
—¿Cómo lo sabes?
—Yo trabajaba allí antes de aceptar este empleo.
Rosa había sido enfermera auxiliar.
Vio a Serena entrar dos veces en una zona restringida del hospital usando una tarjeta temporal.
—Pensé que era familia.
—No lo es.
—Entonces no debería haber estado allí.
Sentí un nudo en el estómago.
—¿Qué hizo?
—No sé. Pero preguntó cuál era su habitación y quién era el médico de guardia.
Esa noche revisamos los registros del hospital.
La tarjeta temporal de Serena había sido autorizada por Simon Mercer.
El mismo día del nacimiento de Grace.
A las 3:18 de la madrugada, quince minutos después de que Nathan saliera de mi habitación supuestamente para “hacer una llamada”, Serena entró en el área de archivos médicos.
A las 3:41, se modificó una nota en mi expediente.
**Paciente muestra ansiedad intensa, pensamiento persecutorio, apego inestable. Recomendable seguimiento psiquiátrico.**
Yo nunca había sido evaluada esa noche.
La nota era falsa.
Maya se quedó mirando la pantalla.
—Estaban preparando la narrativa antes de la gala.
—Antes incluso de que yo volviera a casa con mi hija.
Dominic añadió:
—Y quizá antes del parto.
Sentí frío.
—Quiero saber qué más cambiaron.
Encontramos la respuesta a las dos de la mañana.
Mi historial incluía una orden médica cancelada.
Una prueba genética de rutina solicitada para Grace.
Cancelada por Mercer.
Razón:
**Padre declina.**
Miré a Nathan dormido al otro lado de la casa.
¿Por qué un hombre permitiría que su madre cuestionara públicamente la paternidad de su hija… y al mismo tiempo cancelaría una prueba que podía confirmarla?
Solo había una respuesta.
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Porque nunca quisieron saber la verdad.
Querían conservar la duda.