Chapter 6 - La niñera que todos olvidaron

Rebecca buscó a cualquier persona que hubiera trabajado en la mansión durante los últimos años.
Una mujer apareció repetidamente en los registros.
Ana Morales.
Había sido niñera de los Carter durante casi tres años.
Vanessa dijo que Ana renunció para regresar a México.
Michael recordó despedirse de ella por mensaje.
Nunca habló directamente.
La cuenta de Ana había enviado:
Gracias por todo, señor Carter. Tengo que volver con mi familia.
Pero la policía descubrió que Ana nunca salió de Estados Unidos.
Tampoco utilizó su número de teléfono después de aquel día.
La encontraron viviendo con su hermana en Nueva Jersey.
Cuando Rebecca mencionó a Vanessa, Ana comenzó a llorar.
—Pensé que nunca me encontrarían.
—¿Por qué se fue?
—No me fui.
Vanessa la había despedido.
Ana había visto cómo gritaba a Ethan.
Intentó informar a Michael.
Vanessa interceptó el correo electrónico.
Después la amenazó.
—Dijo que si hablaba denunciaría que yo había robado joyas.
—¿Había robado algo?
—No.
Pero Vanessa colocó un collar en su bolso.
Ana lo encontró antes de salir.
—¿Por qué no acudió a la policía?
—Tenía miedo. Mi situación migratoria estaba en proceso. Ella sabía todo.
Ana conservaba algo.
Un teléfono antiguo.
Había grabado una conversación con Vanessa.
—Lo hice porque pensé que necesitaría protegerme.
En el audio, Vanessa decía:
—Michael nunca te creerá. Yo soy su esposa. Tú eres una empleada.
Ana respondía:
—Los niños tienen miedo.
—Los niños aprenderán.
—Voy a decírselo.
—Entonces te acusaré de robo y llamaré a inmigración.
Aquella grabación destruyó parte de la defensa de Vanessa.
Pero Ana tenía más.
Había visto a Voss entrar por la noche.
Una vez escuchó una discusión.
Vanessa:
—Sarah tardó demasiado. No cometeré el mismo error con Michael.
Voss:
—Michael vale más vivo hasta que cambie el fideicomiso.
Rebecca se quedó inmóvil.
—¿Está segura de esas palabras?
—Nunca las olvidé.
La fiscalía solicitó una orden de arresto.
Vanessa desapareció seis horas antes de ejecutarla.
Su monitor judicial fue encontrado dentro de un coche abandonado.
Michael recibió protección policial.
Los niños fueron trasladados a otra propiedad.
Ethan comenzó a sufrir pesadillas.
—Ella va a venir.
—No sabe dónde estamos.
—Siempre sabe.
Michael intentaba mantener la calma.
—La policía nos protege.
Ethan lo miró.
—Antes también había guardias en casa.
Michael comprendió.
El sistema de seguridad nunca había servido contra Vanessa porque Vanessa controlaba el sistema.
Rebecca revisó los movimientos bancarios.
Vanessa retiró 600.000 dólares durante los dos meses anteriores.
También había alquilado una propiedad bajo el nombre de una empresa.
Una casa cerca de Chesapeake Bay.
La policía entró.
Vacía.
Pero encontraron una habitación infantil preparada.
Dos camas.
Ropa de Ethan.
Ropa de Lily.
Y una pared llena de fotografías de Michael.
Sobre la mesa había una nota.
Todavía podemos ser una familia cuando él desaparezca.
La obsesión era mayor de lo que habían imaginado.
Entonces Lily recordó algo.
—Papá.
—¿Sí?
—Vanessa tiene otra casa.
—¿Otra?
—La casa sin ventanas.
Michael avisó a Rebecca.
—¿Dónde está?
Lily negó.
—Íbamos cuando tú viajabas.
—¿Cómo llegabais?
—En coche.
—¿Cuánto tiempo?
—Mucho.
Ethan intervino.
—Había un puente.
—¿Qué puente?
—Uno enorme.
Rebecca empezó a buscar propiedades vinculadas a Vanessa y Voss cerca de rutas que cruzaban grandes puentes.
Encontraron una.
Un antiguo centro terapéutico abandonado en la costa de Delaware.
Cuando la policía llegó, descubrieron que alguien había estado allí esa misma mañana.
Una cámara seguía grabando.
Rebecca revisó las últimas imágenes.
Vanessa apareció.
Miró directamente al objetivo.
Y dijo:
—Michael, si estás viendo esto, significa que finalmente estás prestando atención.
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Luego levantó un frasco.
—Ahora pregúntate qué les dabas a tus hijos cada noche sin saberlo.